domingo, 21 de febrero de 2016

Información preocupante: Embajadores de la Unión Europea advierten que Venezuela no puede con el Zika

Los embajadores de los países de la Unión Europea en Caracas, entre ellos el español, han suscrito un informe en el que afirman que Venezuela vive una situación «crítica» en su sector sanitario y no se encuentra preparada para hacer frente a una epidemia del virus Zika a gran escala.

El informe, que comienza señalando que Venezuela camina hacia la crisis más profunda política, económica, social y de seguridad de su reciente historia, se detiene en analizar la situación sanitaria y pone de relieve la «seria escasez de medicinas y de suministros médicos», así como el deterioro de la infraestructura.
Imagen tomada de Internet

Algunos países vecinos, como Colombia o Brasil, temen que, si Venezuela no es capaz de combatir el virus, se extienda a sus territorios.

En concreto, el informe alude a la falta de medicinas básicas en numerosas farmacias y señala que ello está favoreciendo la importación de medicinas falsificadas o caducadas, lo que representa un peligro añadido para la salud.

En ese contexto, el informe, elaborado tras reuniones con expertos de la organizaciones no gubernamentales Codevida, Acción Solidaria y Provea, se detiene en el peligro de extensión del virus Zika en Venezuela, que preocupa de manera especial –dice– a países vecinos, como Brasil o Colombia.

Los embajadores aseguran que Venezuela no está preparada en absoluto para combatir una epidemia del Zika a gran escala.

Dificultades de detección

Añaden los diplomáticos que, en el contexto actual, es difícil hacer estimaciones claras sobre el número de afectado por el virus que hay en el país y dicen que, aunque las autoridades sanitarias admiten 4.000 casos reconocidos por el laboratorio nacional responsable de la detección, hay que tener en cuenta que debido a la escasez de reactivos, la capacidad de trabajo del centro es muy limitada. Los epidemiólogos y las ONG calculan que podría haber unos 400.000 casos de Zika en Venezuela.

Indica el documento más adelante que, si bien la Asamblea Nacional venezolana, controlada por los partidos de la oposición ha declarado la situación de «crisis de salud humanitaria», el Gobierno de Nicolás Maduro, permanece en un «estado de no reconocimiento» de esa crisis y asegura que todo va bien el sector de la salud. Los embajadores creen que admitir lo contrario, sería aceptar que la revolución bolivariana está fallando.

El Gobierno de Maduro no admite la presencia de una epidemia y habla de entre 4.000 y 5.000 casos, frente a los 400.000 que afirman las ONG, existen.

El pasado día 18 de febrero, en uno de sus discurso, Maduro se refirió al Zika y dijo que, en 72 horas, se habían importado medicinas contra el virus «para todos», algo que ha sido cuestionado por los opositores, que consideran que eso no es cierto para los 400.000 casos que se estima existen, sino, a lo sumo, para los reconocidos oficialmente por el Gobierno. Recientemente, la ministro de Salud admitió solo 4.700 casos y el propio Maduro dijo que había «5.221 casos sospechosos, de los cuales 68 personas han tenido complicaciones y están en cuidados intensivos». Al no admitir la existencia de una epidemia, las autoridades bolivarianas no han desplegado campañas de prevención o información sobre la enfermedad y, aunque llevan a cabo algunas fumigaciones para eliminar al mosquito vector del Zika y otras enfermedades, son pocas y erráticas.

Acusaciones de propaganda

Por el contrario, como hace con frecuencia, el Gobierno de Maduro insiste en que las denuncias sobre la existencia de epidemias y crisis sanitaria son parte de la guerra no convencional de la propaganda contrarrevolucionaria interna e internacional.

El informe de los embajadores europeos pone de relieve que algunos elementos hacen más difícil combatir la crítica situación de la sanidad en Venezuela. Entre ellos, cita la fragmentación del sistema público de salud, sin una autoridad central a nivel nacional, lo que dificulta también la distribución de medicinas.

Destaca además el hecho de que al menos 6.700 médicos de diferentes especialidades (el 20 por ciento de los del sistema público de salud), hayan abandonado el país, al tiempo que hay un déficit de enfermeros del 60 por ciento.

A la vista de estas carencias, el informe propone que se considere la posibilidad de facilitar ayuda a Venezuela, entre otras cosas, con el envío y distribución dentro del país de material sanitario y de medicamentos.

Fuenteabc.es

miércoles, 17 de febrero de 2016

Opioides en el dolor crónico: Formar para adecuar

“En las últimas décadas se ha observado en EEUU un importante aumento en la prescripción de opioides para el dolor crónico. Este hecho se ha asociado con un mal uso de los mismos, dando lugar a un aumento de muertes por sobredosis y a un incremento en el número de pacientes que buscan estos tratamientos cuando no están indicados.”
Imagen tomada de Internet
Así empieza este artículo publicado en el NEJM, en donde su autor afirma que probablemente el 100% de nosotros, como profesionales y como sociedad, estaríamos de acuerdo en que el tratamiento del dolor crónico se está centrando demasiado en la prescripción de opioides, siendo que el papel de esta terapia a largo plazo sigue siendo controvertido, y se desconoce la mejor estrategia para acabar con la epidemia de su mal uso.
Algunos grupos de profesionales en EEUU plantean establecer normativas más estrictas que limiten la disponibilidad de los opioides para así racionalizar su uso. Esta estrategia, reduciría claramente su prescripción, pero también limitaría el acceso a los pacientes que se benefician o podrían beneficiarse de estos fármacos.
“Los médicos disponen de escasas herramientas a su disposición para ayudar a estos pacientes, salvo únicamente la utilización de medicamentos, ya que no tienen fácil acceso a las terapias no farmacológicas. Por otra parte, mientras que en otras enfermedades crónicas los médicos pueden utilizar medidas objetivas para orientar su gestión, aquí deben confiar solamente en el informe del paciente (o su familia) sobre los beneficios (como la mejora de la función) o los daños (tales como la pérdida de control) del tratamiento”.
Sabemos que el manejo del dolor crónico es complejo. El dolor crónico es subjetivo, puede presentarse sin evidencia de lesión de algún órgano o tejido, por lo que da lugar a incertidumbres en el diagnóstico, a pesar de que se realicen evaluaciones completas. Los pacientes con dolor crónico buscan desesperadamente un alivio inmediato de su sufrimiento. Tienden a tener expectativas poco realistas sobre los beneficios potenciales de los opioides y no aprecian riesgo cuando escalan sus propias dosis en un intento desesperado (e inútil) para obtener alivio del dolor.
La formación del médico prescriptor es el enfoque más acertado para hacer frente al mal uso de los opioides, lo que además permite que se individualice la atención sobre las necesidades del paciente después de una evaluación beneficio-riesgo. Después de todo, es la manera en que se manejan todas las enfermedades crónicas. La educación puede capacitar a los médicos a tomar decisiones apropiadas y bien informadas acerca de si se debe iniciar, continuar, modificar o suspender el tratamiento con opioides para cada paciente. La educación tiene la capacidad tanto de reducir la prescripción excesiva como de asegurar que los pacientes que lo necesitan conservarán su prescripción.
Por todo ello, la FDA implantó en julio de 2012 una iniciativa nacional de formación voluntaria “Evaluación de Riesgos compartidos y Estrategia de Mitigación (REMS)” donde los fabricantes de opioides mayores financiaban la formación sobre su prescripción segura. Este plan formativo integra todas las etapas de médico (pregrado, postgrado y continua), ya que la formación en esta área ha sido históricamente deficiente.
Esta formación incluye el manejo integral del dolor de forma multidisciplinar, implicando además a enfermería, farmacéuticos y el equipo de salud mental.  Además, el contenido del plan formativo se puede acoplar a las herramientas de soporte de decisiones en la historia clínica electrónica.
Dado que la crisis de la “mala prescripción” de opioides está alcanzando niveles de considerarse una prioridad nacional, el autor plantea que quizás no sea suficiente el abordarlo mediante esta formación voluntaria, sino que quizás deberían publicar un mandato o norma que obligase a formarse y reciclarse para poder prescribir opiodes.
El autor termina realizando una reflexión: “Creo que la profesión médica es lo suficientemente compasiva y lo suficientemente brillante como para aprender a prescribir opioides de manera que maximice los beneficios y minimice los riesgos. Aunque el manejo del dolor crónico es complicado y requiere mucho tiempo, debemos garantizar a nuestros pacientes el acceso a la gestión integral del dolor, incluyendo el uso apropiado de medicamentos opioides”.
Y en nuestro medio, ¿cómo lo estamos haciendo? Pues seguramente también podemos mejorar. El estudio de utilización de opioides en España, publicado por la AEMPS, sólo abarca datos hasta el año 2006, pero en él ya se detalla el impacto que tanto la orden Ministerial de 25 de abril de 1994 (sobre prescripción y dispensación de ciertos opiodes) y la oferta de fármacos y sus diferentes vías de administración han tenido en cuanto a datos de consumo y perfil de utilización.
Recientes datos CCAA reflejan un aumento importante del consumo de opioides en los últimos 10 años,  siendo la vía transdérmica, con gran diferencia, la más utilizada y dentro de la vía oral, el aumento en el consumo se debe a la prescripción de los opioides más nuevos del grupo.
El año pasado, el Ministerio de Sanidad junto con el Instituto para el Uso Seguro de los Medicamentos de Salamanca, publicaron un documento de consenso sobre prácticas para el manejo seguro de opioides en pacientes con dolor crónico. Sus recomendaciones contemplan todos los procesos críticos del uso de los analgésicos opioides y consideran las principales causas asociadas a los errores detectados habitualmente en el curso de su utilización.
Incluyen prácticas dirigidas a las instituciones sanitarias, a los profesionales y a los pacientes o cuidadores, lo que subraya la necesidad de que todos los agentes implicados aborden su papel para garantizar un uso seguro de estos medicamentos. 
Fuente: Hemosleido